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Ron Paul arrasa en la Convencion del Tea Party

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=707378

Washington, 27 feb (EFE).- El movimiento Tea Party no tuvo en cuenta la aspiración presidencial de una de sus grandes estrellas, Sarah Palin, y eligió como favoritos para la carrera a la Casa Blanca al congresista por Texas Ron Paul y el presentador de radio Herman Cain.

El movimiento conservador concluyó hoy una convención de tres días en Phoenix (Arizona) con dos votaciones informales para comenzar a cerrar una serie de posibles candidatos para las elecciones presidenciales de 2012, informó hoy el diario “Politico”.

En la más amplia de esas votaciones, que se desarrolló en Internet e incluyó a simpatizantes y activistas del partido, el Tea Party eligió al veterano congresista Paul como su candidato por un 49 por ciento de los votos, seguido por un 12 por ciento para Cain, un empresario que presenta un programa conservador en Georgia (Atlanta).

La ex gobernadora por Alaska, por su parte, tuvo que conformarse con un nueve por ciento de los votos.

En una segunda votación oficial limitada sólo a asistentes a la convención, Cain fue el candidato elegido con un 22 por ciento de los votos, mientras que el gobernador de Minesota Tim Pawlenty obtuvo el 16 por ciento y Paul el 15 por ciento.

Palin fue la única de los posibles candidatos que no pronunció un discurso en la convención, pensada para lanzar una estrategia que aumente la influencia del movimiento en las elecciones presidencial del 2012.

“Tenemos un plan de 40 años para robar los corazones de nuestros compatriotas que valoran la responsabilidad fiscal, limitar la constitucionalidad del Gobierno federal y la libre empresa”, dijo el viernes a Efe Jenny Beth Martin, coordinadora nacional del movimiento Tea Party Patriots.

“Estamos preparados para seguir difundiendo nuestras ideas y estamos seguros que tendremos una mayor influencia en las próximas elecciones generales”, añadió.

Palin, ex candidata a la vicepresidencia en 2008, ha perdido algo de fuelle dentro del joven movimiento tras liderarlo en sus inicios y demostrar sus apoyos en agosto de 2010, cuando atrajo a decenas de miles de personas a Washington en una manifestación contra el Gobierno

 

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¿Que es el Tea Party?

http://www.gara.net/paperezkoa/20100925/222597/es/Un-nuevo-movimiento-conservador-Tea-Party-monopoliza-vida-politica-visperas-elecciones-EEUU

Txente REKONDO | GAIN

Todo hacía indicar que en esta ocasión las élites republicanas y demócratas habían diseñado sus primarias en esa clave, sin embargo los stablishments de ambas formaciones han visto alterados sus guiones ante la aparición en el escenario político de un nuevo fenómeno populista y conservador, el Tea Party.

Este tipo de movimientos ha sido una constante a lo largo de la corta (300 años) pero a la vez intensa historia norteamericana. Pero esta vez, algunos analistas le auguran una mayor potencialidad. Hay quien apunta que, en el caso del Tea Party, nos encontramos ante la punta de un iceberg, una muesta de un sentimiento más extendido en la sociedad de EEUU y que hasta el día de hoy no había logrado una mínima articulación propia, más allá de integrarse en el discurso general del Partido Republicano.

La historia «pública» de este nuevo movimiento ha estado marcada por la reacción que ha generado en los principales medios de comunicación, locales primero y extranjeros posteriormente, y en las élites políticas de EEUU. Así, en un primer momento, los miembros del Tea Party y la realidad que representaban fueron ignorados, para posteriormente ser acusados de ser un fenómeno manipulado por las «grandes fortunas» y ridiculizado como el resultado de la manipulación de determinadas élites -a pesar de que se ha ido forjando desde un espontáneo apoyo ajeno a dichas élites-.

Posteriormente llegaron las acusaciones de «racistas, paranoicos, indecisos, extremistas…» cuando lo cierto es que, aún participando en parte en estas descripciones, no las agota, ni mucho menos. Y, finalmente, llegaron las críticas políticas, las acusaciones de que fomentarán «la división del Partido Republicano, favoreciendo a los demócratas». Tampoco faltan los que sostienen que no condicionarán las elecciones de noviembre ni las próximas presidenciales dentro de dos años.

Y todo esto en apenas veinte meses, una disparidad de criterios ante una misma realidad que denota, o desconocimiento de ese movimiento o, lo que es peor, una clara intencionalidad en las críticas.

Fenómeno de base

Más allá de mitos, el Tea Party representa un fenómeno de base, una especie de «red centralizada para los descontentos descentralizados». Representa un nuevo conservadurismo, que une el constitucionalismo conservador y el fiscal, y se dota también de un cierto populismo cultural.

El Tea Party ha ido articulándose desde blogs, movimientos on line, medios de comunicación sociales y otro tipo de redes, Ha ido recogiendo y asumiendo un discurso que ha sabido conectar con buena parte de la llamada «América media». De esta manera, nos encontramos ante un movimiento amplio de masas, en el que no se mantiene un único tema que monopolice toda la campaña, y no hay un líder definido -aunque algunos se empeñan en presentar a Sarah Palin o Glenn Beck como los personajes que asumen esa labor-.

Los discursos centrales del Tea Party han estado marcados por una defensa estricta de la Constitución, una desconfianza hacia el gobierno federal (defendiendo los gobiernos locales) y una denuncia de la «tiranía de las élites políticas y de los liberales (entendiendo que en EEUU esta palabra tiene una connotación diferente a la nuestra, ligada a posturas de izquierda)».

Evidentemente no han faltado los discursos anti-Obama, en contra de los matrimonios homosexuales, la defensa de las armas, contra la liberalización del consumo de drogas o el derecho al aborto, pero sería un error creer que estos temas son el punto central de la campaña. Eso sin obviar que los defensores de esas posturas pueden también situarse de manera cómoda dentro de este nuevo fenómeno.

La composición, por tanto, del Tea Party es la unión de diferentes grupos e intereses. Por un lado nos encontramos a los «nuevos» en política, esa gente que nunca ha estado envuelta o no ha participado en las elecciones anteriores, y que ahora se siente llamada a participar y movilizarse (una especie de movimiento similar al que logró aupar a Obama a la Casa Blanca, aunque ideológicamente en sentido opuesto).

En segundo lugar se encuentran «los políticos independientes» que se sienten traicionados por los dos partidos mayoritarios -llegando en algunos casos a abandonar sus filas- , por el gobierno federal, el endeudamiento, el déficit y las macro políticas.

El tercer grupo lo conforman los llamados «republicanos conservadores». que no se encuentran a gusto con la dirección actual del Partido Republicano. Y finalmente aparecen aquellos demócratas descontentos con Obama y su administración. Según algunas encuestas recientes, en torno al Tea Party encontramos a gente de todas las clases y estratos. Una cuarta parte reconoce haber dado el voto a Obama, cerca del 40% no se identifica como republicano, e incluso uno de cada cinco se presenta a sí mismo como demócrata.

El reciente éxito de este movimiento en las primarias republicanas ha forzado a un cierto giro a la mayoría de comentaristas y analistas. Ahora la mayoría han comenzado a presentar a este movimiento en clave política y de su influencia de cara a las próximas citas electorales.

Para algunos se trata de una situación que ha dejado en una difícil situación a las expectativas de triunfo del Partido Republicano (el deterioro de la imagen de Obama, el desempleo y la crisis parecía que jugaban a favor de los republicanos). Otros apuntan a un pulso del sector más conservador con el stablishment republicano. Para los candidatos del Tea Party, la élite del partido carece de ideas o filosofías propias y con su movimiento buscan influir en la dirección del partido o incluso infiltrarse en el mismo en la estructura de mando, incrementando la tensión interna.

No obstante, hay quien también defiende que esta organización acabará situándose dentro de las filas republicanas para derrotar a los candidatos demócratas, pero eso sí, habiendo logrado situar el debate político en sus parámetros más conservadores y atrayendo a los candidatos de ambas formaciones mayoritarias hacia posturas todavía más reaccionarias.

En lo que coinciden ahora la mayoría es en que el Tea Party puede transformar relativamente la política norteamericana. Recientemente, desde las páginas de The Economist señalaban que este movimiento representa «la fuerza política más vibrante de la actualidad». Nos encontramos ante una fuerza política conservadora con una importante base social movilizada y que sin duda alguna va a condicionar o influir en las elecciones del próximo noviembre, y sobre todo en las presidenciales de 2012, de una manera que hasta la fecha ha sido subestimada y no apreciada.

La derecha de EEUU

En los medios de comunicación, sobre todo fuera de EEUU, se tiende a presentar al Partido Republicano como la derecha, y a los demócratas como el centro izquierda. Evidentemente esa imagen no se corresponde con la realidad política de aquel país.

A muchos sorprende el conocer que Obama recibió muchos más apoyos económicos que el resto de candidatos -concretamente donaciones de las grandes corporaciones y otros sectores que posteriormente «pasan factura»-; o que la mayoría de los intelectuales más conservadores proceden del partido demócrata, y que fue este partido el que hasta hace unas décadas defendía la segregación racial.

Es cierto que en los últimos años, los republicanos han absorbido la mayoría de expresiones reaccionarias y populistas. Desde el Partido de América en el siglo XIX, los demócratas conservadores sureños, muchos seguidores del McCarthysmo, los seguidores del Partido Independiente Americano de George Wallace -que ha impregnado la ideología republicana más reciente-, la llamada «mayoría moral» de los ochenta, con raíces en la extrema derecha religiosa, o el Partido Reformista de Parot en los noventa, han ido sumando sus fuerzas a los republicanos.

Hoy en día. en torno a dicho partido, también encontramos a libertarios, evangélicos, milicias, constitucionalistas estrictos, escépticos, seguidores de las teorías conspirativas, neoconservadores, buscadores de fortuna… por ello, para mantener un equilibrio ante ese puzzle ideológico, las bases del partido no deben ser muy concretas. La ideología generalista, conservadora, y en muchos casos reaccionaria, republicana sigue esas pautas, y al mismo tiempo han sido capaces de que los demócratas tiendan a apoderarse en ocasiones de ese discurso derechista, logrando escorar muy hacia la derecha la política norteamericana.

Las primarias y sus imperfecciones

La importancia del sistema de primarias es clave en EEUU y participa de su extrema complejidad. No obstante, frente a quienes señalan este sistema como el soporte de unas elecciones libres, limpias y democráticas, los claroscuros asoman por doquier.

Para muchos políticos este proceso de primarias es el primer paso para metas posteriores (tras lograr la nominación puede optar a senador o gobernador, un puesto que les puede catapultar a cargos más altos). No obstante el sistema no es universal y hay estados donde en las primarias participan militantes y otros que no lo son, con lo que el papel de la militancia queda en entredicho.

Los pre-candidatos buscan desde el principio donaciones económicas, el apoyo de personalidades (la élite del partido) y finalmente el reconocimiento del público.

Las primarias se caracterizan por ser un proceso repleto de condicionantes externos: La existencia de lobbies o familias dentro de los partidos (militantes de primera o segunda), los condicionantes post-electorales de los donantes de las grandes sumas, los movimientos de base que provocan que los candidatos y sus contrarios radicalicen sus posturas (por lo general hacia posicionamientos más conservadores). Y sobre todo, no se elige en base a las demandas de los electores o sobre la idoneidad para gobernar del candidato, sino por las posibilidades de este último de vencer en la pugna electoral.

Por último, no conviene olvidar a los medios de comunicación, que interesadamente suelen apostar por su propio candidato, dándole mayor cobertura y buscando desfigurar las propuestas de los rivales.

Lopez Tena: Dependencia o Independencia

Alfons López Tena (vocal del Consejo General del Poder Judicial)

Tras treinta años de democracia estable, sólidamente anclados en la Unión Europea y el euro, impensables los golpes de Estado, integrados en la globalización y prósperos, es hora de hacer balance sobre si le conviene a Catalunya seguir en España .

Salvo efusiones líricas, amenazas gonadales y acusaciones de delirio psiquiátrico (idénticas a las practicadas por la dictadura soviética), no se oye en España argumento alguno que justifique la dependencia de Catalunya. Los unionistas catalanes, salvo una cierta apelación a la resignación y la rutina, tampoco razonan, incluso recurren crecientemente al escarnio y la amenaza, aquí más próximos a los usos de la dictadura maoísta.
Es normal esta afasia, que se intenta ocultar bajo abundantes bramidos, pues el fundamento económico de la conveniencia de pertenecer a España ha desaparecido. Ya no es el Estado español quien tiene moneda y determina los tipos de cambio, los tipos de interés y los aranceles de importación y exportación. Ya no hay mercado español, lo ha absorbido el único europeo, y es Bruselas quien toma esas decisiones y se abre a la globalización, con el resultado inevitable de la disminución de la importancia relativa del antiguo mercado protegido: hoy Catalunya vende al resto del Estado menos del 40% de su producción, e importa de allí menos del 35%. A Catalunya la dependencia ya no le es compensada por el acceso privilegiado al mercado español, que además se ha convertido en arriesgado por ser el único en que los productos catalanes son boicoteados por el hecho de serlo (práctica del 21% de los madrileños, según ABC).
Sólo le queda a España un mecanismo de actuación económica, la inversión pública, y los datos y hechos son elocuentes: tras décadas de detraer cada año el 10% del PIB catalán sin invertir en Catalunya (19.200 millones de euros el 2005), se desploman los servicios públicos que gestiona España y llevan su E: RENFE, AENA, REE, ENDESA, etc. ¿Qué reciben los catalanes a cambio del expolio fiscal? Ni siquiera la transparencia, pues los balances fiscales, públicos en la Unión Europea, Alemania o Reino Unido, los ocultan en España tanto los gobiernos del PP como los del PSOE. ¿Qué esconden?
Tampoco a la hora de comprar empresas españolas es una ventaja estar en España, pues la toma de control catalana es bloqueada de una u otra manera, y contra ella se blande la Constitución y la xenofobia, que no se invoca frente a OPAs alemanas o italianas.
Al expolio del Estado y la explotación monopolística de los servicios públicos privatizados se añade la penuria de la Generalitat. Baste un dato: tras treinta años de autonomía, y para 7,5 millones de habitantes, el presupuesto catalán es de 32.000 millones de euros. Tras ocho años de autonomía, y para 5 millones de habitantes, el presupuesto escocés es de 46.000 millones de euros. Escocia en ocho años ha conseguido el doble por habitante de lo conseguido por Catalunya en treinta.
Mal negocio es hoy España para Catalunya: privada de política fiscal, crónicamente objeto de desinversión pública, discriminada hasta en tratados internacionales (esos que firma el Estado español prohibiendo que utilicen el aeropuerto de Barcelona los aviones desde o hacia Toronto, Miami, México, Bangkok, Kuala Lumpur, etc.), boicoteados sus productos, rechazados sus compradores como extranjeros hostiles, ¿a quién le interesa continuar la dependencia? ¿Alguien podría explicar alguna ventaja comparativa de la dependencia respecto a la independencia? (si puede ser, sin insultar).
El problema de Catalunya se llama España, que se dedica, mediante el aparato del Estado que los catalanes pagan, a bloquear todos sus proyectos: ni conexión ferroviaria del puerto con Europa, ni servicios públicos que funcionen, ni inversiones en infraestructuras, ni TGV a Europa, ni toma de control de empresas españolas, ni aeropuerto intercontinental, ni nada de nada.
Ya están conseguidos los objetivos modernizadores comunes a catalanes y españoles, España ya es democrática y europea, pero tan adversa a la diversidad como siempre, no se concibe como plurinacional sino como unitaria, y percibe a los ‘diferentes’ no como un activo a promover sino como una molestia a eliminar. Proclama que Catalunya es España, pero piensa y actúa que Catalunya es de España. Una posesión.
Intentamos de buena fe una corrección del expolio fiscal, el dominio político y la discriminación económica y cultural. Tendimos la mano para sólo recibir insultos, boicots y engaños, y un Estatuto que no se aplica ni cumple, pues este Gobierno español, como los anteriores, no tiene por qué cumplir la ley cuando afecta a Catalunya.. No pasa nada, ya lo avalarán como siempre los Tribunales Supremo y Constitucional, que para eso los nombran el PP y el PSOE.
Se equivocan: bloqueada bajo España, maltratada en España, insultada por España, harta de España, a Catalunya sólo le queda un camino: la independencia.
España tiene mucho a ganar con un Estado catalán, perdería un miembro descontento y problemático pero ganaría un buen vecino y amigo, y podría superar los bloqueos que sufren las libertades y la democracia por causa de una estructura institucional concebida y practicada para asegurar el dominio de una mayoría nacional española sobre las minorías nacionales. Como ya advirtió Burke, es ese dominio la causa de las mayores corrupciones del orden constitucional.
Dijo Azaña que para mantener España unida había que bombardear Barcelona cada cincuenta años, método que calificaba de bárbaro pero efectivo. Los bombardeos ya no son posibles, y España no ha aprendido en su lugar el método de ganar la adhesión cordial e interesada de los catalanes. En el fondo, tanto da. Se ponga como se ponga, la independencia de Catalunya es ineluctable e inevitable. Mene Tequel Parsin. Ha empezado la cuenta atrás.

Alfons López Tena es vocal del Consejo General del Poder Judicial.

Partido Republicano Federal

Pese a sus tempranas formulaciones sobre la cuestión foral, el federalismo vasco apenas ejerció un peso real inmediato en un país anclado en las fórmulas tradicionales. Al caer Isabel II va a disponer de una primera oportunidad para llevar a la práctica sus teorías. Una Asamblea Federal de representantes de Vascongadas y Navarra había acordado el 28 de junio de 1868 la defensa del sistema foral. Proclamada la I República, las elecciones de 1873 llevarán -merced a la abstención generalizada y al estado de guerra- a once diputados federalistas vascos a las Cortes. Varios de ellos toman parte en la comisión redactora de la nueva Constitución española. Pero estos diputados, entre los cuales se halla Serafín Olave, conscientes del particular status de Navarra, propusieron la creación de dos cantones, el navarro y el vascongado (Navarra y Regiones Vascongadas). En consonancia con el proyecto de Constitución de 1873 que garantizaba «la autonomía de las regiones, ya se compongan de una o de varias de las actuales provincias, sin otro límite que el impuesto por ellas mismas en la presente Constitución», los republicanos vascos se enfrentaron con la posibilidad de crear un Estado o Cantón vasco cuadriprovincial, celebrando para ello diversas reuniones de las que sólo salió una reafirmación de la foralidad tradicional aderezada, en el caso de Gipuzkoa, de la fórmula «salvo siempre lo que reclame su interés común», es decir, la Conferencia. Las peculiares condiciones de la Restauración alfonsina en sus inicios hicieron desaparecer el partido cuya reestructuración se efectúa en la década de los 80 del pasado siglo dentro de los moldes de los tres republicanismos existentes en ese momento a nivel de Estado: el democrático progresista de Ruiz Zorrilla, el demócrata federal de Pi i Margall y el posibilista de Castelar. El republicanismo vasco acusa estas divisiones difuminándolas en gran medida. El 17 de abril de 1881 se hace público en Tudela el Manifiesto fundacional del Partido Republicano Democrático Federal navarro liderado por Serafín Olave. Con arreglo a las normas adoptadas en la Asamblea de Madrid de 1882 por el Partido Republicano Demócrata Federal, Cataluña, Galicia y Navarra van a redactar una «constitución de cada Estado de la futura Federación hispana». La guerra civil última y sus desoladoras consecuencias para todos los vascos habían acarreado un vuelco en el federalismo navarro. Arturo Campión, decepcionado y desesperanzado, abandonaría el mismo declarándose «católico y fuerista a secas». Otros, de la mano del ahora éuskaro convencido Olave, van a rememorar las relaciones históricas de Navarra con sus hijuelas vascongadas. La Constitución Futura de Navarra de 1883 presenta una estructura regional que supera el mero fuerismo, aunque establece que la administración interior de cada componente sea la foral, con lo que enlaza, de forma fácil y orgánica, con la tradición vasca: «Navarra, dentro de sus actuales límites, se constituirá en Región, porque está dispuesta a admitir la libre reincorporación de los territorios de La Rioja, Vascongadas y Sexta Merindad de Ultrapuertos (hoy francesa) que antes fueron navarros; constando ya que, en algunos de ellos existe la patriótica tendencia a tan fraternal y conveniente unión, cuando las circunstancias lo permitan» [Constitución Futura de Navarra del Partido Democrático Federal Navarro, 1883, 38 pp. La catalana es de 1883 también y la gallega de 1887. Cfr. SANTA MARIA PASTOR y VVAA: Documentos para la historia del regionalismo en España, IEAL, Madrid, 1977, 158-174, 420-435]. El proyecto, primer antecedente de un Estatuto de Autonomía nacional de Vasconia, no fue aprobado en la II Asamblea federal celebrada en Zaragoza, que se limitó a consensuar una Constitución federal para todo el Estado. Sí lo fue, sin embargo, en la III Asamblea celebrada en Madrid en 1888, junto con el anteproyecto catalán también presentado. Autonomía foral y constitución regional recaba el federalismo navarro. Un guipuzcoano federalista, Benito Jamar, hombre profundamente marcado por el desastre bélico de 1876, es aún más explícito al solicitar una decidida protección de la etnicidad que considera amenazada: «Quizá el único medio de conservar la fisonomía propia de este pueblo…es el mantenimiento de nuestra organización foral (…)Dentro de cincuenta años nadie podrá decir que éste es el país del Fuero…No habrá aquí más fueros que en Soria o en Albacete». [JAMAR, Benito: Apostilla La solución al libro de Joaquín JAMAR, 1868, pp. 53-54]. Importantes elementos de este viejo federalismo finisecular se hallarán, como veremos más adelante, presentes en el pensamiento de hombres como Ramón Madariaga, padre nutricio del Estatuto de Eusko-Ikaskuntza de 1931, y de José Ignacio de Arana, nacionalista de ANV su principal colaborador. En el resto de Euskal Herria el federalismo se coaligó con los demás republicanismos constituyendo comités electorales, centros y círculos. Fruto de esta colaboración fue el nacimiento de los periódicos «Euskaldun-Leguia» (1882-1884) de Bilbao, «La Voz de Guipúzcoa» (1885-1939), «El Republicano Alavés» (1889- 1890) y «La Democracia» (1887). La progresión electoral de estas agrupaciones es extremadamente lenta hasta 1890: 1 congresista por Álava (Becerro de Bengoa) y 4 concejales en el ayuntamiento de Bilbao en 1886 y 1887. La implantación del sufragio universal masculino apenas altera esta relación hasta el final del siglo: 1891, 1 congresista (Becerro de Bengoa) por Álava; 1893, 2 congresistas (Becerro de Bengoa y Federico Solaegui) por Álava y Bizkaia; 1899: 1 parlamentario (Francisco Zabala Villar) por Gipuzkoa. Los federales de Pamplona y Tudela presentan por primera vez y sin éxito candidatos a Cortes en 1891 y 1893, los tudelanos con el apoyo de su periódico «Dios y Fueros» en estas últimas. En 1893 se creó la Unión Republicana española que congregó a los tres partidos aunque por poco tiempo ya que las discordias en el seno del Partido Progresista deshicieron lo efectuado. Los disgregados republicanos vascos acusarían también esta crisis. Con la llegada del nuevo siglo y la creación en Bilbao del Casino republicano (1903) y el nacimiento en 1901 de «El Liberal», periódico liberal dinástico adquirido por el republicano federal Horacio Echevarrieta en 1916, el republicanismo comenzó a asentarse en Bizkaia. Pero el federalismo no parece haber sido la corriente dominante, como tal, en ese territorio ni en Guipúzcoa donde, al contrario de la Unión republicana, los federales de Leopoldo Ducloux, Francisco de Gascue y Pío Bizcarrondo no traspasaron el área donostiarra. Tampoco lo fue en Navarra donde se integraron en 1914 sin más en el Partido Republicano Autónomo hasta su efímera y vana resurrección de 1931. Pese a sus orígenes federales, las grandes figuras del republicanismo vasco-Gascue, Echevarrieta, Fernando Sasiain, etc.- no hacen política de partido sino una labor frentista especialmente importante a finales de la Dictadura de Primo de Rivera. Los federales de Gipuzkoa rechazaron la jefatura y las orientaciones del presidente nacional, Eduardo Barriobero, aproximándose a las tesis pro-conjuncionistas del Comité Municipal madrileño y de otras organizaciones autónomas que luego confluyen en el partido de Franchy y Roca. Los de Bizkaia debieron de hallarse integrados en el Partido Republicano unido. Ninguna participación como partido cupo al PRF en el Pacto de San Sebastián de 1930 ni en los acontecimientos posteriores protagonizados por los republicanos (levantamiento de Jaca, proclamación de la II República, etc.), lo cual no obsta para que se diera por sentado que la nueva República había de ser federal (cosa que no fue) y no unitaria. Tras la proclamación de la República se consuma la disociación entre federalismo histórico -decadente- y republicanismo a secas. La Asamblea Federal nacional española reunida en Madrid en mayo de 1931 dio la consigna de reagrupamiento, que fue seguida con escasa suerte electoral en Vasconia y, en general, en todo el Estado. El federalismo guipuzcoano se reorganizó el 5 de mayo desvinculándose de la Unión Republicana. La Junta Provincial y el Comité de Selección se compuso de: Rufino San Martín, Luis Caperochipi, Juan Machimbarrena, Julián Juanena, Domingo Andonegui y Policarpo Goñi, siendo su sede el «Euskal Choko» de Fermín Calbetón 35 de San Sebastián. Presidente: Juan Machimbarrena. Los navarros también trataron de reestructurase abriendo algún que otro círculo poco duradero en un territorio monopolizado por la derecha. En junio de ese mismo año, el PRF de Gipuzkoa fue el único partido que rechazó el Estatuto cuadriprovincial de Eusko-Ikaskuntza preconizando un Estatuto provincial federable a otros. Durante el resto del quinquenio republicano el federalismo trató infructuosamente de mantener su identidad. El de Guipúzcoa -el más compacto pese a su pequeñez- debió de ser franchysta y apenas se sabe nada de él. En cuanto a la ideología federal, ésta impregnó algunas reagrupaciones vascas distintas al PRF. La detención de Fernando Sasiain en agosto de 1934 y su participación en la protesta de los ayuntamientos de elección democrática entronca con la lucha desarrollada por la tendencia que acabó denominándose Izquierda Federal, inspirada en su casi homónima catalana, presente en San Sebastián desde abril (Ezquerra Vasca Federal) y en Santander. Izquierda Federal propició un Congreso de unificación en Valencia en febrero de 1938, Congreso al que asistió el alcalde donostiarra que fue además nombrado Presidente del nuevo partido en cuyo Consejo Nacional figuraron también Manuel de la Torre y Belén Sárraga (vicepresidentes), Manuel Ramos (Secretario), Salvador Garriga (vicesecretario), Francisco Corbagá (tesorero), Angel Jiménez (contador) y Valeriano Rico y Landelino Moreno (vocales).

Republicanismo en Navarra

Los distintos núcleos republicanos perdurarán de forma intermitente hasta comienzos del s. XX, fundamentalmente en Pamplona (Unión Republicana, 1893) y Tudela (Centro Republicano Federal, 1890). Esta implantación urbana está claramente corroborada por los resultados electorales. En el caso de la capital navarra contrasta la temprana y casi continua presencia de concejales republicanos, hasta 1917, en el Ayuntamiento (1901-7 concejales; 1905-3 c; 1909-4 c; 1911-4 c; 1913-1 c; 1915-2) con los niveles puramente testimoniales obtenidos por este mismo sector político en las elecciones a diputados, a nivel de la circunscripción electoral entera, donde además de no salir nunca elegidos quedarán muy por debajo del resto de partidos. Estos continuos descalabros electorales no fueron óbice para que desistieran de divulgar su credo político en la adversa situación navarra. El 1 de mayo de 1898, de la mano de Basilio Lacort Larralde nacía «El Porvenir Navarro», el semanario republicano que con mayor incisividad y mordiente iba a sacudir las mentalidades y formas de pensar navarras en la coyuntura del cambio de siglo. Además de animar a las Sociedades de resistencia, que como la «Unión Obrera» (marzo, 1898) empiezan a desarrollarse en esos años, este semanario será el vehículo de denuncia de actividades y prácticas del clero y órdenes religiosas navarras. Esto último le hará acreedor a la excomunión de su director, extensiva a todos aquéllos que colaboraran, leyeran, distribuyesen e imprimieran el citado periódico, y en último término al cierre del mismo, por parte del gobernador civil Pérez Moso. Lacort mediante «El Porvenir Navarro» y posteriormente a través de «La Nueva Navarra» propugnará no solo la coordinación de todos los republicanos -urge que donde quiera que haya elementos republicanos se organicen formando Comité y se pongan en inteligencia con la Junta provincial de la capital- sino la alianza con los liberales -un solo partido republicano enfrente de la monarquía, un solo partido liberal enfrente de la reacción-. Esta orientación será llevada a la práctica durante los primeros años del siglo, a través de las Candidaturas del «Bloque Democrático» (noviembre 1905; mayo, diciembre 1909) compuestas por republicanos (Barnés, Romero, Zamborán…) y liberales (Viñas…). La alianza con los socialistas que a nivel de estado se había materializado en la Conjunción Republicano Socialista (1909) no tendrá su equivalente en Pamplona hasta 1911 y ello en medio de fuertes disensiones dentro de la organización republicana local. Frente a la mayoría, partidaria de impulsar la Conjunción republicano-socialista (Asamblea del 29 de octubre de 1911), un sector prefirió ir unido con los liberales y formó la candidatura de «Unión Democrática». Paradójicamente, será este sector, expulsado del partido, quien obtenga 4 puestos frente a ninguno por parte de los de la Conjunción. Coincidente con el ascenso de otras organizaciones, socialistas y nacionalistas, se inicia un lento declive de la opción republicana que tendrá sus datos más significativos en la total desaparición de su prensa hasta 1930 («El Porvenir Navarro» cerró en 1911 y «El Demócrata Navarro», órgano de los liberales radicales, pero próximo a las posiciones republicanas, lo hizo en noviembre de 1913) y en el descenso electoral, que a partir de 1917 experimentan, quedando sin ninguna representación, en el municipio pamplonés, la única plataforma política de la que disponían. Los republicanos navarros, no obstante, seguirán manteniendo sus núcleos organizativos en Pamplona, Tudela, etc… y asistiendo a cuantas iniciativas a nivel estatal convoquen sus correligionarios. Así, en noviembre de 1920, 10 representaciones de otros tantos colectivos navarros, acuden al Congreso de la Democracia organizado por el Partido Republicano Radical. Asimismo, en febrero de 1926, el Partido Republicano Autónomo Navarro, junto con el Partido Republicano de Tudela y Centro Republicano de Cortes, se sumarán al Manifiesto de Alianza Republicana.