Lehendakari Agirre : El Estatuto y la libertad de las personalidades naturales

http://aberriberri.com/2010/04/12/lehendakari-agirre-3-el-estatuto-y-la-libertad-de-las-personalidades-naturales/

No hay semana en la que los profesionales de la “pegagogía ciudadana”, más bien “demagogia ciudadana”, celosos guardianes del Nacionalismo de Estado, no nos intenten inocular lo “antidemocrático” de un nacionalismo (el vasco, al suyo lo llaman “constitucionalismo”) que no acepta los límites de la Constitución (española) para su proyecto político. Las frases hechas y los eslóganes son constantes en el sentido de intentar convencer de que aceptando el Estatuto es un deber aceptar la Constitución nacida de la reforma del régimen como manantial intocable de felicidad ciudadana. Toda la legitimidad del autogobierno vasco, según esta particular visión del Nacionalismo de Estado, proviene del Estatuto y éste, sólamente por la Constitución. Según esta visión, “es un deber democrático” la devoción por la Constitución española y no dudan para completar el absurdo en reivindicar para Patxi López la figura del Lehendakari Agirre, que sería como si George W. Bush se hubiera proclamado iluminado por Washington, Adams y Jefferson.

¿Hubieran convencido estos sesudos educadores constitucionalistas al Lehendakari Agirre en la necesidad imperiosa de tener que renunciar a metas más elevadas, de aceptar como propios los límites del marco constitucional por haber aceptado un Estatuto de autonomía y renunciar a las restauración de las constituciones propias de los vascos? Para ello, nada mejor que leer lo que Agirre expuso en las Cortes españolas con motivo de la tramitación del Estatuto de Cataluña el 17 de Mayo de 1932. Recordemos que el anterior intento de Estatuto Vasco, el estatuto de Estella, se había redactado antes de que se promulgara la  Constitución y había sido rechazada por anticonstitucional y los catalanes, merced a su presencia en el Pacto de San Sebastián que alumbró la República, caminaban seguros a la temprana aprobación de su Estatuto. Oigamos pues un resumen del discurso de Agirre en aquél trascendental momento, para observar cómo, 80 años después, sigue estando de plena actualidad:

Señores Diputados, (…) No podíamos permanecer ausentes de este debate, porque nuestra aspiración vendrá también concretada en un Estatuto y, por consiguiente, a la minoría vasca y a la minoría catalana en estos momentos nos une un mismo ideal; por tanto, vaya por delante nuestra adhesión, incondicional y sin recelo alguno, al Estatuto de Cataluña, tal como lo entienden los representantes catalanes.

Este problema de los Estatutos (…) obedecen, no a un criterio particularista, no (…) sino que responden más bien al proceso general de las democracias en toda Europa. Las democracias europeas, sobre todo las de postguerra, que surgieron después de abolidos los regímenes monárquicos, se encontraron con tres problemas fundamentales: un problema social, que habían de resolver; otro democrático puramente tal, porque habían de articular una Constitución, y un problema de libertad, porque habia pueblos que se movían en el ámbito del Estado y que reclamaban precisamente esa libertad, en mayor o menor grado. Tenemos ejemplos numerosísimos, y así vemos que existen países en los cuales la democracia se articuló perfectamente; pero en otros, en cambio, la democracia avanzó hasta la anarquía. (…) Asimismo el problema social inquieta profundamente a los Estados, y han de tratarlo las Constítuciones, bien para darle una solución total, bien, por lo menos, para abrirle el cauce suficiente por donde discurran tales aspiraciones sociales. (…) Por último, se producen las demandas de libertad, que terminan en algunos Estados con la liberación de las nacionalidades que hasta entonces habían permanecido en el ámbito de ellos, y en otros pueblos abriéndoseles cauce suficiente para que en la libertad puedan estas nacionalidades, estas regiones, como aquí las llamáis, desarrollar su personalidad.

Como aquellos Estados, también la República española se encontró ante estos tres problemas, y otros tantos postulados han predeterminado todo su texto constitucional; tres problemas: el social, que habéis discutido ampliamente; el democrático, porque habéis definido en el arto 1.0 de aquél cómo entendéis la República como régimen de democracia, y el de libertad, que plasma en los Estatutos. Su resolución en las normas constitucionales venía ya determinada por tres factores: uno, el del respeto a los derechos constitucionales; otro, el de la aceptación del derecho de gentes (…), y el último, (…), es el de la preexistencia de personalidades naturales; personalidades naturales que han quedado reconocidas explícitamente en la Constitución. (…)

Por lo tanto, si (…) el derecho a la libertad de estos organismos naturales está explícitamente reconocido en la Constitución, y no es la Constitución quien lo crea o quien concede ese derecho, sino que ese derecho existe en esos organismos naturales, es indudable (…) que los organismos naturales tienen un derecho que es anterior a la Constitución, sin que ésta haga nada más que reconocerla.

Además de esto, la Constitución, que es el cuerpo legal de convivencia de todos los ciudadanos, limita el ejercicio de este derecho (…), pero así como no lo crea, no lo niega (…) Así sucede también con la ideología de algunos de los grupos políticos de la Cámara. Los socialistas, por ejemplo, ¿pueden decir que esta Constitución representa todo su ideario? No. La Constitución ha abierto un cauce legal a las doctrinas socialistas hasta cierto límite; pero hasta llegar a él pueden discurrir legalmente y con libertad. Ahora bien, los socialistas, porque exista ese límite, ¿renuncian al resto de su ideario? No. Yo me sitúo en su plano y convengo en que los socialistas pueden seguir reivindicando su ideología, sus ideales.

Esto mismo sucede con nuestro derecho, con el derecho de los organismos naturales, derecho preestablecido, preexistente a la Constitución, reconocido por ésta, pero limitado por ella, para que sea posible la concordia y la convivencia de todos los ciudadanos. (…) ¿Nos extrañaremos, por tanto, de que después de concedidos los Estatutos, haya personas, grupos políticos y organizaciones que reclamen más? No. Esta es una posición juridica, a que la Constitución misma no pone término. ¿Por qué? Porque únicamente ha limitado el ejercicio de un derecho que ha reconocido existe con anterioridad a ella misma. (…) y así como vosostros, socialistas, os mantuvisteis en su día, y como otros grupos políticos se sostuvieron también en sus respectivas tesis hasta llegar a convenir en un punto, así también nosotros nos hemos atemperado para llegar a él. Vosotros, catalanes, en cuanto a vuestro pueblo, y nosotros para el nuestro, llegaremos a un Estatuto legalmente aceptable dentro de la Constitución, porque precisamente está en ella determinada su existencia, por ella abierto el cauce para que pueda discutirse y por ella dada al Parlamento la facultad de sancionarlo.

(…) Como todo problema análogo, el que se designa con el nombre de cuestión catalana ha de resolverse partiendo de las realidades y de la voluntad del. pueblo de Cataluña, pues que, olvidado, podria dar lugar el día de mañana a que tuvieran otra vez realidad las palabras que don Antonio Maura pronunció en este mismo recinto en la sesión del 29 de enero de 1904:

“Tuve necesidad -decía- de exponer mi pensamiento en 1893, en 1894, en 1895, en 1896 yen 1897. Ya en 1898 era inútil decir nada y no fue oído, sino execrado. Mi pensamiento se contenia en esto: que lo mismo en Cuba, que cuando surgió el problema en Filipinas, para España  (…) era necesidad ineludible apoyarse en la “voluntad de los naturales”; que sólo el amor de los súbditos de aquellas regiones y de aquellas islas podía mantener la soberanía de España; y que estaba ya defiitiva e irrevocablemente perdida, si no conquistábamos el corazón de los cubanos, y cuando surgió la cuestión tagala, si no nos reconciliábamos con los indios. Yo no vi entonces que ni el Parlamento ni la Prensa respondieran a otra cosa que a la exaltación de las muchedumbres, a los halagos naturales de quienes hablaban de imponer primero el orgullo de España, la tradición gloriosa de España, la soberanía de España, el horror nacional (…)”

(…) Catalanes, contad con nuestra adhesión sincera y entusiasta. Hoy se discute vuestro Estatuto, mañana estará aqui el nuestro; todo ello para bien de todos y de la República, que ha sabido, por primera vez en la Historia moderna de España, y quiere aqui subrayarlo, abrir este cauce jurídico a la libertad, de tal manera que ella apreciará, por el fruto, su propio acierto, que se desvirtuaría si ese cauce jurídico, una vez abierto, se cerrara. (Aplausos en las minorías vasconavarra y catalana.)

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